julio 06, 2005

Ser editora I

Los libros son mi vida, y no es una metáfora, vivo entre libros, trabajo con libros, vivo de los libros. Mi profesión: editar libros educativos; mi pasatiempo: editar libros literarios; cuando tengo un poco de tiempo y la mente despejada, leo.

Así pues, a finales del año pasado, por segunda vez en mi vida decidí lanzarme al vacío y editar de manera independiente, el compromiso, dar pasos firmes aunque espaciados. Debo reconocer que gran parte de la loca idea se la debo a Manuel y a René; así que cuando lo decidí, justo era que la aventura arrancara con el poemario de uno de ellos (pese a tener autores de antaño, que confiaban en que esto sucedería y que aguardan, pacientes, su turno).

Entresuelos tiene una historia grata, porque terminó de perfilarse en discusiones amigas -a veces no tan amigables- acerca de la pertinencia de cada detalle, desde el nombre hasta el color de la tinta con que se debería imprimir; este primer libro de Editorial Áurea es fruto de la unión de varios esfuerzos amigos, por eso merece un sitio especial en mi vida editorial, no fue el primero y afortunadamente tampoco el último, pero representa un parte aguas, un retorno al camino. El despegue ha sido lento, la labor es ardua, pero las ganas de recorrer el camino lo valen. Los agradecimientos son muchos y creo que nunca pude darlos públicamente, así que dedico algunas líneas a ello: a Braulio Morales por su trabajo de diseño, impecable y preciso, como siempre; a la familia Romero por su solidaridad y valiosa crítica, así como las aportaciones para los toques finales del libro (Víctor, Neil, don Alfonso...); a la familia Castillo, por su insuperable trabajo de negativos; a la familia Zavala, mis maestros siempre, por la impresión.

Entresuelos es el primer poemario de Manuel Dávila Galindo Olivares, representa el recuerdo de momentos, tiempos y espacios del autor, es “una manera de decir [...] que los pies que he perseguido sobre el asfalto no se han perdido en la distancia de mi tiempo; es una especie de diario geográfico”, no de una geografía física, sino de su geografía interior. A continuación, transcribo uno de sus poemas, como un breve acercamiento a lo que este poeta ha hecho entresuelos.

[me volví]


Amanecí poeta por no saber pintar casas,
porque los caños se me dificultan,
porque el derecho de la izquierda,
se me hace que se murió.

Me volví de los que escriben por asco,
por no rascarse con calma las manos,
por no hacerle a nadie justicia,
y no vivir a mordidas,
aunque si traen consigo beso, no digo que no.

Me puse a agredir papeles,
por no aprender a tirar el trompo,
por no saber si la de seises,
es mula o ese soy yo.

Acariciando el canto de los libros
por suave, por bobo, por pendejo,
con tenue gloria de tinta,
con rabia y lluvia de fintas,
me rompo este día,
con un papel sin color.

Y sé que me faltan las manías,
los vicios,
las correcciones,
la puta ortografía,
aunque ayer siempre es mañana
no sé que hago peleando,
con esta pinta de mal boxeador.

3 comentarios:

Manuel Dávila Galindo Olivares dijo...

flush

No soy nadA dijo...

por acà un saludo.
interesante trabajo el tuyo.

por lo pronto acà seguimos en la bùsqueda de la piedra filosòfica o de perdida la respuesta a por què los individuos de sexo masculino son asì...

aus dijo...

Manuel, puedes escapar de muchas cosas, menos de ti y de tu literatura (aunque no les guste a algunos).

"No soy nada": Creo que te será más fácil encontrar la piedra filosofal... yo no me preocuparía tanto por averiguar los porqués, son y ya (tampoco creo en el mito de "todos los hombres son iguales", que cada uno tiene sus traumas; igual que nuestro ¿querido? género); gracias por la visita.