
El viernes fui a ver ¡Qué plantón!, la primera vez que se montó no fui a verla, un poco por desidia, otro poco porque en aquella época los musicales me parecían un género menor; con los años aprendí que no existe género menor en el teatro, y que las superproducciones tienen mucho que ofrecer.
¡Qué plantón! es una de las obras más importantes que se han escrito y representado en México, el primer musical mexicano que llegó a Broadway (no sé si el único), con un tema ecologista y de preocupación con el medio ambiente, por lo que a pesar de ehaber sido escrita en los años 80 no pierde vigencia.
La obra nos narra cómo Dios, cansado de la indolencia humana ante la conservación del planeta, decide darle el poder y control del mundo a las plantas; para ello, ellas deben resolver un acertijo. En el viaje, las plantas se encuentran frente a sí mismas con el poder de la comunicación y la movilidad, además de poseer sentimientos; es una especie de ruta de reconocimiento y aprendizaje en el que no hay un final precisamente feliz, pues las plantas demuestran que tampoco ellas tienen la capacidad de manejar el poder.
Cabe señalar que la Hiedra no me impactó tanto como esperaba; la Palma (Raquel Bigorra) no tiene la cadencia propia de una cubana, sin importar que lo sea por nacimiento, se queda cortísima para el personaje; la cebolla (Alejandra Ley) es mi gran descubrimiento, pues además de tener una voz increíble su actuación resulta impecable.
Con un elenco en su mayoría desconocido para mí, la obra representó una aventura agradable; una historia divertida e inteligente, buenos arreglos de Chacho Gaytán, buenos actores, cantantes y bailarines, sí, salí lo suficientemente satisfecha y, una vez más, lo suficientemente conquistada por las obras musicales.