junio 30, 2005

Himno del pasado

Cuando abrí el blog comentaba acerca de cerdos y dinosaurios en comunión al abrigo de varias botellas de ron; se supone que aquéllas deberían ser noches sin memoria, pero yo las recuerdo... y entre todos los códigos que se establecieron entre nosotros, entre todos los intentos de no ser y parecer, hubo un poema que se convirtió en himno, hoy tropiezo con él y no puedo menos que transcribirlo.

Entre la dicha y la tiniebla

Como quien toca con un dedo
la punta fría del agua,
mareándose de sólo
su transparencia demasiada,
me he puesto yo a mirar
el no ser infinito que me aguarda.
Los soldados de plomo
están apenas en su caja
y entre la dicha y la tiniebla
no queda sino el filo de la lámpara.
Qué poco todo, mi amor,
y cómo es corta la esperanza,
cuando venimos a verla
ya se nos acaba
y están los hijos corriendo
más allá de la mañana.
Pienso en la tialola
de alguna familia egipcia o franca
y en el sabor de sus pasteles
que ya no saben más a nada,
y entonces nuestras bromas
van y se me atragantan
mirando que algún día
tendrá otro que inventárnoslas.
Contemporáneo de los Césares
y de Moisés y la Pequeña Juana
y de abolidos albañiles
colgados como arañas
sobre la piedra de los siglos,
sobre su cara mala,
todo el pesar del tiempo
me va a caer sobre la cara.
Como quien toca estremeciéndose
la punta fría del agua,
miro la noche tanto
más grande que mi casa,
la noche tanto más enorme
que toda la Vía Láctea,
y abajo mi conciencia
como una vela en una iglesia abandonada.
Qué poco todo, qué poco,
para tanta sombra
-tanta.


-Eliseo Diego-

Va este post para el recuerdo de lo que fuimos y de lo que dejamos de ser a buen tiempo: Juan Pacheco May, Marco, Martín "Ome Tochtli", Alberto, Esaú, Agustín; para los que se unieron más tarde o por breves lapsos: Paco Aragón, Graciela, Rosita; y por supuesto para las mujeres que no se dejaron seducir por una licuadora: Vicky, Lupita, Martha. Salud mis queridos cerdos, salud mi adorado dinosaurio... porque son parte esencial de mí, Sáurea.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuide los cerdos porque de ellos depende nuestra dieta, fijesé como acabó el dino, extinto y adorado.
Un saludo.