abril 27, 2008

encuentros fortuitos

La próxima vez que ponga la cinta descubrirá que a la mitad de la misma hay cinco minutos en blanco y se preguntará por qué.

Como salido de la canción de Sabina (Qué adelantas sabiendo mi nombre, cada noche tengo uno distinto) la vio sentada sola en la barra mirándolo con atención y sonriéndole con malicia (y siguiendo la voz del instinto me lanzo a buscar...).

Sólo después de unos minutos se atrevió a acercarse y tratando de no sonar a cliché le ofreció invitarle un trago (imagino, preciosa, que un hombre...), a los pocos minutos estaban pagando la cuenta y entrando al auto, ya había roces, labios, manos (algo más, un amante discreto, que se atreva a perderme el respeto, ¿no quieres probar?).

Abrió la puerta de su departamento con prisa, se separó del abrazo para crear atmósfera en la habitación y recordó que tenía una cinta ideal, algo vieja tal vez, pero sin dudarlo la puso, prendió dos velas y a falta de una botella de vino, sirvió dos vasos con tequila, que quedaron abandonados después del primer trago, cuando se abalanzaron uno sobre el otro con la desesperación que da la soledad.

Quiso adelantar la cinta sin soltarse del abrazo, pero sólo consiguió tirar la botella, borrar un trozo de la cinta y enredarse con el cabello de ella; estallaron en una carcajada, ella levantó la botella y secó un poco la mesa, en tanto él recuperó el control del tocacintas, ajustó la música y la llevó hasta la cama.

Seguramente él habrá olvidado por qué hay un trozo de cinta en blanco, como ella tendrá que olvidar sus brazos y sus besos, para ir en busca de otros; seguramente él habrá olvidado su nombre y su aroma, como ella recordará cada minuto vivido con un extraño, en la soledad de su habitación...

3 comentarios:

Miriam dijo...

No puedo más que felicitarte por esta historia. Me encantó el detalle de mezclarla con la canción al principio, y ese final, duro pero tan real... Un ole cmo una casa ;)

Carlos dijo...

Peor para el Sol que se pierde lo que sucede bajo la luz de la Luna.
Momentos como el que narras en cuyo silencio de esos minutos puede palparse el contorno de la música y la fugacidad del recuerdo.
Tarde llego pero me encantó leerlo.
Un abrazo

wannea dijo...

muy sentida, me imaginaba paso a paso lo que describias y el final arrebatador... en verdad las cosas siempre pasan asi, para una mitad los recuerdos no son mas que momentos perdidos y quizá olvidados... para la otra mitad en cambio pueden ser pilares de su vida... bessos!